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Blog Alianz

¿Funcionales o Disfuncionales?

Hace algunos días me sorprendí al escuchar a una gran amiga -abuela de no pocos nietos- hablarme de la familia de uno de sus retoños. Se refería a ella como una "familia verdaderamente funcional", y me llamó poderosamente la atención porque la costumbre o la frecuencia de este calificativo ya lo había olvidado o al menos descuidado.

Las tremendas crisis que van sufriendo muchas de las familias de nuestra sociedad nos pintan un escenario donde parece que eso es lo normal, lo habitual. Hablar de crisis conyugales y/o familiares que terminan en divorcios se está conviertiendo en parte de un paisaje social que tristemente, ve relativizando a la institución más importante de nuestra sociedad. Porque si la familia fracasa, sus consecuencias en todo nivel son dolorosas y profundas.

Me niego a aceptar que lo normal sean las familias disfuncionales. Me niego a darles carta de ciudadanía en una sociedad donde hoy se requiere exactamente lo contrario. Creo que no podemos aceptar con los brazos cruzados que una gran mayoría de nuestros núcleos familiares sean familias que han fracasado, y cuyas consecuencias de dolor y angustia son impredecibles para el futuro.

Desde luego, creo que no hay familia en el mundo que no tenga sus problemas, sus dificultades, sus retos. Todas las familias atraviesan en muchos momentos de su historia por períodos difíciles. Pero nunca estarán de acuerdo en que son precisamente los problemas bien enfrentados los que hacen fuerte a un matrimonio o a una familia. Lo verdaderamente funcional es tener problemas, pero saber enfrentarlos y superarlos. Familias funcionales son las que han sabido remar contra corriente han capitalizado sus problemas convirtiéndolos en motivos de fortaleza y superación. Familias funcionales son las que como su nombre lo dice, funcionan; donde cada miembro de la familia desarrolla con agrado, puntualidad y solidaridad el rol que le corresponde. Como una delicada máquina en la que todas y cada una de las piezas hace lo que le corresponde hacer en beneficio de la finalidad del artefacto. Sin embargo, cuando una o varias piezas no funcionan o no hacen lo que les corresponde, se frustran sus objetivos. Una familia es disfuncional cuando alguno o algunos de sus miembros no actúan o hacen de manera incorrecta de lo que tendría que ser una comunidad de amor y de convivencia que ayude a cada uno de sus miembros desarrolle sus potencialidades. Es disfuncional cuando - como su nombre lo anuncia- no funciona lo que debería hacerlo: el diálogo, el perdón, el apoyo constante, la alegría de la convivencia, la admiración y también comprensión.

Es verdad que una familia funcional no se improvisa. No es cuestión de buena o de mala suerte. No es algo que se pueda dejar al azar. La funcionalidad de una familia empieza desde la formación a temprana de cada persona en el valor de la integración y el amor en la familia. Funcionará una familia cuando cada uno de sus miembros sea constante en el trabajo a favor de la unidad, de la integración. Donde cada uno sienta y actúe a favor del compromiso de fortalecer los vínculos que los unen; donde cada uno sea capaz de sacrificarse en beneficio del bien de todos; donde se priviligie el diálogo y la convivencia de sus miembros más que en otros lugares extra familiares.

Por una familia funcional se lucha, se sacrifica. Es verdad que cuesta mucho trabajo...pero bien vale la pena. Su recompensa beneficia no sólo a los miembros de la familia en la que se vive, sino también a la sociedad en donde se crece. Nuestros ambientes tienen necesidades de estas familias funcionales. Nuestro mundo será mucho mejor cuando vaya siendo cada vez más raro escuchar que convivimos con familias disfuncionales y, al mismo tiempo, estamos rodeados por familias felizmente funcionales.